La pareja

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Puede ser que yo haya tenido mucha suerte, porque encontrar a quien ahora es mi pareja en el primer año de haber salido del cascarón y que aún continuemos juntos, sin apreciables muestras de desengaño, sin ser pareja abierta, y sin infidelidades manifiestas (y estoy al 99% seguro de que también sin manifestar), no me dirán que es muy corriente. Bien es verdad que a mí se me van mucho los ojos, pero eso es que soy muy curioso, o muy novato, que también puede ser, y a la hora de la verdad todo se queda en eso, un gusto para la vista.
Hay que precisar que mi pareja es bastante autónomo y un tanto, por no decir demasiado, autosuficiente, lo que, teniendo en cuenta que tiendo a ser bastante comodón, nos ha llevado a más de una bronca y a casi cotidianas discusiones. Pero como en cualquier pareja que pretenda prosperar, es necesario ceder un poco y arrimar el hombro, porque es muy bonito que te sirvan y te hagan de todo, pero ¿dónde dejamos eso de la reciprocidad? Además de que día a día es como se demuestra el cariño, que de veras te interesa cultivar esa relación, y que esa persona es importante para ti.

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No voy a tirar piedras sobre mi propio tejado, pero para algunos las páginas de contactos son una pérdida de tiempo, cuando no una manera encubierta de poner los cuernos o de saciar algunas insatisfacciones. Como con todo, habrá  de todo. Hay gente que ha tenido y sigue teniendo una estupenda experiencia, que ha conocido algún que otro amigo, real o en la distancia y que habrá echado sus buenos desahogos de vez en cuando. Y otros habrá que no paran de quedar para follar y chupar, y lamer y dale que te pego un subidón al ego (o al ánimo, depende). Y hay gentes que están muy descontentos y desanimados porque se han encontrado con otras gentes muy poco serias, que mienten o que marean la perdiz.

Yo creo que cumplen muy bien su función, lo importante es el ánimo con el que se empleen. Y de que no pretendas convertirlas en un sustituto de la relación, del tipo que sea, afectiva o de amistad. A lo mejor durante un tiempo, de nubarrones y tormenta, te sirve para guarecerte, pero al cabo siempre sale el sol y quedarse encerrado no es la mejor opción.

Además, unas fotos simplemente son eso, una aproximación, pero no tienen vida. Yo las usé como indicativo, pero siempre buscaba quedar, para un café o para una conversación, y en mi época mala para saciarme, como no, jajaja. Y no me fue mal, aunque no era lo que buscaba. Hasta una tarde. Nos pusimos a charlar con mensajes primero, luego por el messenger, quedamos al salir del trabajo, y hasta hoy. Es la persona con la que convivo. Reconozco que no es habitual, pero a mí se me dio, no sé muy bien todavía por qué. En otro apunte hablaremos de la relación.

Categorías

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Si algo diferencia a los gays varones a mi entender, es la infinita variedad de categorización que tienen elaborada. A lo mejor es algo natural, no sé. Yo es que tengo un novio un poco atípico, porque ni se siente categorizado en ningún sitio que no sea el de maricón de toda la vida (categoría que, dicho sea de paso, a mí no me gusta ni un pelo, porque lo veo, tan grande, tan ancho y tan fortachón que me pregunto donde estará lo de maricón; no sé, será que me crié en un entorno demasiado antiguo y extremista, en el que la realidad homosexual parecía no existir a fuerza de no nombrarla); ni tampoco desea salir a todos lados a proclamar no se sabe qué estilo de vida. Yo en esto último no coincido del todo con él, que es muy divertido proclamar y mucho más un estilo de vida; te ves rodeado de un montón de gente que proclama lo mismo que tú y así, quieras que no, te sientes menos raro.

Masculinos o con mucho glamour, fortachones o delgados, depilados o hirsutos, leñadores, macarras, aniñados, uniformados, látex, licra, cuero, a pelo, musculados, naturales, culturistas, fibrados; a los que les gusta besar, chupar, acariciar, que les muerdan los pezones o morderlos, penetrar o ser penetrados, que les meen, que les escupan, que les chinguen, dominar o ser dominados, que les peguen, real o simuladamente. Puedo seguir,  pero con esto ya se ve que el panorama es amplio. Y es curioso, porque muchos intentan incluirse en alguno de los grupos de gustos sexuales predefinidos; quizá porque el tiempo hay que aprovecharlo y una vez que quedas ir al grano y con la verdad por delante.

Yo he de reconocer que tengo mis gustos, como todo el mundo que haya descubierto las maravillas de la diversidad humana. Prefiero el pelo a la depilación, por ejemplo, pero no hago de eso una bandera de exclusividad. Me encanta la barba, sobre todo la corta; prefiero el músculo a la grasa, por supuesto, pero hay un punto de gordito o redondito que no está nada mal, sobre todo si eres anchote. Pero lo que más me gusta es la simpatía y la clarividencia, la amabilidad y la bondad, la fortaleza y la laboriosidad, la alegría y la compasión. Todo ese conjunto de cualidades que hacen a una persona. De acuerdo, el exterior te entra por los ojos, pero es el conjunto el que te cautiva ¿no?  Otro día hablamos del amor, que parece que es un tema un poco olvidado, o quizá tabú; ¿enamorarse es una debilidad que no nos podemos permitir?

El tamaño sí que importa

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Y llegamos a la famosa y tan cacareada cuestión: el tamaño. ¿De verdad es tan importante? Pues a juzgar por la cantidad de hombres que se quedan achantados por su causa, parece que sí. Y es difícil probarlo, porque muy pocos lo reconocerán, y los psicólogos están sujetos al secreto de oficio. Pero sí, desde que somos adolescentes, los varones adscritos a la cultura occidental nos vemos sujetos a la cuestión primordial del tamaño: tanto más grande lo tienes, tanto más macho que eres. Y a las consecuencias derivadas de esta primordial cuestión, que no todos entramos en los cánones dictados por… ¿el sentido de la proporción? ¿el azar? ¿la evolución?

Parece que en el mundo gay la cuestión del tamaño importa, y demasiado. Pero quizá porque la figura importa y mucho entre una buena parte de los homosexuales masculinos. Lo cual es bastante curioso, porque por una mera cuestión de probabilidades, las medidas perfectas son más bien minoría. Entonces ¿qué? ¿una inmensa minoría tiene pillada por los mismísimos a todo el resto universo mundial? Puedes ir al gimnasio por varias razones, pero una es fundamental: ser parte de la inmensidad, de ese selecto círculo de maravillosos perfectos proporcionados. Si has tenido la fortuna de que la madre Naturaleza te haya dotado de un estupendo paquetón, estás de enhorabuena, tendrás siempre una corte de admiradores a tu alrededor; no importa que seas un descerebrado, un frívolo y un inútil vacío insensible, tu paquete todo lo atrae y disculpa esas pequeñeces. Después de todo solo sirves para una cosa, ser un muñeco de goma artículado y con diversión incorporada, si además eres capaz de un mínimo de conversación, genial; el rato se anima mogollón. Y si acaso no has tenido esa fortuna, a lo mejor eres guapito, y más de uno querrá lamerte y y manosearte, o usar tu culo para darle un repaso. Si no estás dispuesto, no te queda otra más que quedarte en el olvidado ostracismo, y esperar años enteros a que aparezca alguien que se fije en , y ambos os gustéis, y él no vaya tras del sexo desaforado, y además quiera apostar por una relación de persona a persona, y no solo de hombre a hombre.

Y cabe la opción de que entres en la discreta medianía del tamaño, vamos a decir, normal, es decir de lo que tenemos casi todos, pizco menos, pizco más. Y entonces, si eres medianamente agradable, te cuidas un poco, y además eres simpático, tienes bastantes posibilidades de que varias personas se fijen en ti y de que alguna de ellas quiera contigo formar algo más. No me entiendas mal, el sexo está muy bien, pero si es con pasión y además hay deseo de repetir, mejor que mejor. Si encima queremos compartir más cosas que la cama, es un logro que hay que destacar.

Habría que estudiar dónde radica la cuestión del tamaño, porque a muchos les coarta o les preocupa, más de la cuenta. Yo he conocido a quienes, tras gustarle mucho un tío, al llegar el momento de vérsela, le han dicho amablemente que se acaban de encontrar indispuestos de repente. O al que si no te mide más de tanto, ni lo intentes. ¿Y a cuántos que como premisa primordial ponen lo de dotados y si no nada? Sobre gustos es verdad que no hay nada escrito, y el mercado ofrece ganado para todos ellos. Pero nos tendríamos que preguntar si queremos continuar siendo unos becerros toda nuestra vida, o por fin dar el paso y madurar hasta convertirnos en una persona con algo detrás de la frente.

La hombría

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¿Qué es lo que nos hace más hombres a los varones? ¿El aspecto? ¿Los modales? ¿El modo de desenvolvernos en la vida? ¿La virilidad? Que duda cabe que son cosas que tienen que ver con el concepto de varonil, pero no sé si mucho con el de hombría. La hombría estaba más en el interior, y creo que hace más referencia a el hecho de ser humanos. Muchos gays -lo sabemos- han tenido que pasarlas putas en su adolescencia porque eran precisamente lo contrario que varoniles, tenían pluma, eran mariquitas. Probablemente no lo aprendieron en ningún sitio, ni nadie les hizo así; mi hermana la profesora me cuenta siempre que cada año tiene en clase un chico o dos a los que se les nota mucho la pluma; unos lo llevan bien y no le dan importancia, pero otros son objeto de burla, quizá porque les cueste procesarla en sus vidas, no lo sé. Lo poco que he visto del mundo gay es que hay de todo, también mucha marica mala, y gente que desprecia a los que no son como ellos; en fin, un pedazo del pastel de la sociedad, supongo, solo que marginado y exclusivista.

Deberíamos dejar de asimilar homosexual a afeminado, porque hay muchos que no lo son para nada (son con los que yo me encuentro cómodo, pero eso soy yo, que todavía no proceso bien). Y aparcar la idea de que todo hombre sensible es homosexual, porque no siempre es así (yo tuve que estar durante años corrigiendo a algunos y algunas que me tomaron por gay, cuando ni pensaba en eso, pero, claro, a lo mejor es que mi subconsciente me engañaba y era subliminalmente homo).

Y volviendo al principio ¿no nos hará más hombres la cordialidad, la seguridad, la paciencia, la constancia, la amabilidad, la mansedumbre, la afabilidad, la simpatía, el cariño?

El sabor del semen

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No me agrada demasiado el sabor del semen. Eso para los que piensan que a todos los gays les gusta chuparla. No sé, supongo que el llamado “sexo oral” tiene bastante de placentero, para el que lo da y sobre todo para el que lo recibe (que también las mujeres hablan de maravillas al respecto, oiga). Personalmente creo que soy algo “kinky”, me va el rollo duro hasta ciertos límites, pero no le tengo demasiada aficción a chuparla. Reconozco que las hay bastantes dignas de serlo, verdaderas maravillas de la naturaleza; firmes, pero turgentes, amplias y redondas, apretadas y jugosas, en fin, en fin, todo un caramelo. Y en medio de la faena, si consigues que te electrice, el sabor del semen hace como de catalizador, lo reconozco; tiene un punto de subidón… Pero ya está, y eso sin contar con que es como si hiciese que la garganta se comprima. Me tranca la garganta, diría , oiga usted, no es solo su tranca la que me tranca la garganta, es la savia de su tranca. En fin, que ya desvarío…

En la piscina

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Estoy en una piscina pública. Generalmente no encuentro gran cosa que me llame la atención, pero de vez en cuando aparece alguno que sí. Sobre todo el pecho; es una parte del cuerpo que me cautiva. Como decía Machado “ancho y plano, como el pecho de un varón”, solo que eso sería en su época. Hoy te encuentras unos pechos torneados, abultados, como hermosos toneles… Mira, estoy viendo uno. Lástima que no tenga pelo, o lo que es peor, creo que está depilado.
En otra ocasión hablaré sobre los depilados, o sobre el depilarse en sí, dejando a un lado al sujeto, para no ofender. Y como sobre gustos no hay nada escrito…

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