Que sexo y amor no van de la mano parece evidente para algunos (aunque no para todos), que ni sienten lo mismo, ni se quedan satisfechos con una relación sexual “casual y extemporánea”, sobre todo si están enamorados de otra persona y han compartido con ella la intimidad (de otro modo es algo platónico o fantasmal). Es verdad que hay hombres que no quieren saber nada de pareja estable; lo suyo es encontrar a la persona adecuada para un buen polvazo o un polvito, según el día, que le entre por los ojos y por la entrepierna. Los hay también que les encantaría encontrar al hombre ideal, con todas sus virtudes y sin ningún defecto, pero buscan y buscan y nunca lo encuentran, más que nada porque no existe; y mientras tanto, van probando con unos y con otros con la total insatisfacción presente siempre en su interior. Asismismo están quienes tienen una pareja amigable, que comparten muchas cosas juntos, pero no les llena del todo, y mantienen siempre la puerta abierta a otras posibles apariciones del macho ideal. Se entiende que hay más variantes, pero que sería jaquecoso explicitarlas todas. Y entre tanto, esto se adereza con la combinación “sexo con otros sí” o “sexo con otros no”, con o sin pareja, abierta u ocultamente, explícito o tácito el acuerdo.

Yo creo que generalmente, excepto algunas excepciones, sexo con amor implica una serie de renuncias y una cierta entrega, pero sus consecuencias son siempre para provecho. Da seguridad, da tranquilidad, da serenidad, da confianza. Al contrario, si uno busca sexo al margen, la seguridad no siempre la tienes de no hacerte con alguna infeccioncilla o algo peor; estarás intranquilo por encontrar con quien follar y hasta podrás llegar a ser adicto; perderás la serenidad diaria, porque el hambre de sexo altera los nervios; y no podrás confiar mucho en nadie, que todos van a lo mismo.

Yo, como cualquiera, he tenido mi época de sexo desaforado y todoslosfinesdesemanaconunoovariosdistintos, por eso lo digo. Y no dejo de reconocer que probablemente el estado ideal sea el de una pareja abierta con moderación, donde uno pueda tener incluso otras relaciones afectivas a la par, pero no nos engañemos, la mente nuestra no nos deja, y posiblemente tampoco el cuerpo.

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