Sería una tía hetero

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Leí una entrada en una de las páginas que frecuento que me llamó mucho la atención. Parafraseando, a mí me molan los tíos por muy diversas razones. Me parto con esos que por “ser de gym” ya se creen que tienen un grado, y se creen superiores al resto; lo mismo podemos decir de los que se saben guapos, aunque lo sean de verdad. Si me gustaran los tíos solo por ser de gym y guapos sería una tía hetero. Caramba, no sabía que te pudieras cambiar el sexo con tanta facilidad, ni tampoco que no eras un hombre, con la particularidad que sexualmente le atraen los hombres también. Entiendo en parte la comparación, pero solo me vale para las típicas tías heteras, y valga la redundancia. Porque es verdad que ser hombre es mucho más complejo que tener un cuerpo diez, estar cachísimas o tener un rostro de Adonis. La atracción comienza por la vista, pero continúa por la cabeza, no lo olvidemos, y luego por la apostura y el modo de ser. Hay personas irreconciliables por los modos de ser, aunque luego sean capaces de tórridas escenas del más alto voltage en cumplidas ocasiones. Si es que me voy a tener que convencer de que los mejor es tener follamigos…

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El tamaño sí que importa

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Y llegamos a la famosa y tan cacareada cuestión: el tamaño. ¿De verdad es tan importante? Pues a juzgar por la cantidad de hombres que se quedan achantados por su causa, parece que sí. Y es difícil probarlo, porque muy pocos lo reconocerán, y los psicólogos están sujetos al secreto de oficio. Pero sí, desde que somos adolescentes, los varones adscritos a la cultura occidental nos vemos sujetos a la cuestión primordial del tamaño: tanto más grande lo tienes, tanto más macho que eres. Y a las consecuencias derivadas de esta primordial cuestión, que no todos entramos en los cánones dictados por… ¿el sentido de la proporción? ¿el azar? ¿la evolución?

Parece que en el mundo gay la cuestión del tamaño importa, y demasiado. Pero quizá porque la figura importa y mucho entre una buena parte de los homosexuales masculinos. Lo cual es bastante curioso, porque por una mera cuestión de probabilidades, las medidas perfectas son más bien minoría. Entonces ¿qué? ¿una inmensa minoría tiene pillada por los mismísimos a todo el resto universo mundial? Puedes ir al gimnasio por varias razones, pero una es fundamental: ser parte de la inmensidad, de ese selecto círculo de maravillosos perfectos proporcionados. Si has tenido la fortuna de que la madre Naturaleza te haya dotado de un estupendo paquetón, estás de enhorabuena, tendrás siempre una corte de admiradores a tu alrededor; no importa que seas un descerebrado, un frívolo y un inútil vacío insensible, tu paquete todo lo atrae y disculpa esas pequeñeces. Después de todo solo sirves para una cosa, ser un muñeco de goma artículado y con diversión incorporada, si además eres capaz de un mínimo de conversación, genial; el rato se anima mogollón. Y si acaso no has tenido esa fortuna, a lo mejor eres guapito, y más de uno querrá lamerte y y manosearte, o usar tu culo para darle un repaso. Si no estás dispuesto, no te queda otra más que quedarte en el olvidado ostracismo, y esperar años enteros a que aparezca alguien que se fije en , y ambos os gustéis, y él no vaya tras del sexo desaforado, y además quiera apostar por una relación de persona a persona, y no solo de hombre a hombre.

Y cabe la opción de que entres en la discreta medianía del tamaño, vamos a decir, normal, es decir de lo que tenemos casi todos, pizco menos, pizco más. Y entonces, si eres medianamente agradable, te cuidas un poco, y además eres simpático, tienes bastantes posibilidades de que varias personas se fijen en ti y de que alguna de ellas quiera contigo formar algo más. No me entiendas mal, el sexo está muy bien, pero si es con pasión y además hay deseo de repetir, mejor que mejor. Si encima queremos compartir más cosas que la cama, es un logro que hay que destacar.

Habría que estudiar dónde radica la cuestión del tamaño, porque a muchos les coarta o les preocupa, más de la cuenta. Yo he conocido a quienes, tras gustarle mucho un tío, al llegar el momento de vérsela, le han dicho amablemente que se acaban de encontrar indispuestos de repente. O al que si no te mide más de tanto, ni lo intentes. ¿Y a cuántos que como premisa primordial ponen lo de dotados y si no nada? Sobre gustos es verdad que no hay nada escrito, y el mercado ofrece ganado para todos ellos. Pero nos tendríamos que preguntar si queremos continuar siendo unos becerros toda nuestra vida, o por fin dar el paso y madurar hasta convertirnos en una persona con algo detrás de la frente.